A propósito del cuento "Perdonando a Dios" de Clarice Lispector
Este cuento atravesó profundamente mis entrañas, al leerlo sentí como si una compuerta liberara muchos aspectos ocultos de mi interior. por eso, quería compartir los pensamientos que me despertó, respecto a mis inquietudes acerca de mi forma de apreciar a los seres vivos e inertes y también, las maneras en que abordo aquello que mi cabeza no alcanza a comprender.
La protagonista, se encontró en un éxtasis al contemplar las calles de Recife y la belleza del entorno que le rodeaba, halló un momento de conexión divina, se sintió la madre del mundo. Hasta que vio una rata muerta y rompió su elevación. Si admitía lo bello en la tierra, también debía ser consciente de lo terrible, todos los días hay muerte y asquerosidades, seres pequeños y grandes, tal vez ella también era de esos entes pequeños que un día podría perecer ¿Sería más que una rata ante los ojos de Dios? ¡Ay! existen tantas cosas tan difíciles de entender, sobre todo el inmenso dolor de los múltiples organismos del universo, la podredumbre, la maldad, la guerra y nos cuesta admitir que esa violencia también reside en una parte de nosotros. Quizá, del mismo modo que la protagonista, sin darme cuenta haya querido escoger solo lo bello del mundo para amarlo y desechar aquello que no comprendo. como dice el cuento "Porque en el fondo quiero amar lo que amaría y no lo que es". Puede ser que, de esa manera también, nos fabriquemos espejismos de lo que percibimos y falsas imágenes de lo que en verdad es Dios para nuestro orgullo y tranquilidad. Porque nos cuesta amar a Dios y no comprenderle del todo, así con los demás seres a nuestro alrededor, a veces les queremos parcialmente, solo la parte de ellos que nos parece buena, y el resto lo deformamos para crearnos una narrativa agradable que nos permita sobrevivir ante sus fealdades. No pienso que el amor por las bellas cosas del universo sea falso o hipócrita, es como si la inocencia y la ignorancia de nuestra pequeñez no nos dejara apreciar todo aquello que nos falta por entender de la realidad, como si nos quisiéramos proteger del dolor de la corrupción que acompaña aquello que habitamos y somos. Un paso más adelante, sería tal vez, aprender a amarnos con todo eso que no entendemos de nosotros mismos y de los otros, ser conscientes de las limitaciones de nuestra mente. En algo me siento distinta a Clarice, pues no me he formado un Dios que no existe, desde hace ya bastantes años decidí amar a Dios, pese a no entender todas sus obras, por la conciencia de mi sabiduría insuficiente, por su voz que oí en un día confuso y aclaró mi mirada.
BIBLIOGRAFÍA
*Lispector, Clarice (2021) Cuentos completos; trad de Paula Abramo. Ed. Fondo de Cultura Económica.

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