viernes, 19 de enero de 2024

La fuga y de dónde viene el anhelo de libertad.

Cada cuento de Clarice Lispector deja una sensación distinta en mi. Este es el momento de usar su texto "la fuga" para sumergirnos en su mente maravillosa y dejarnos mojar un poco.
Clarice narra la historia de una mujer que intenta escapar de su casa por un instante y luego se arrepiente. Me marcó del cuento la impresión que tuvo al pararse frente al mar, el anhelo de buscar un lugar donde reposar sus pies, esa sensación de mujer débil en este mundo supeditada a la voluntad de los otros, que busca tranquilidad al seguir lo que le dicen los demás, pero sabe que una voz más allá de la tierra la llama. Ella observa el horizonte del mar, pues tiene contemplado comprar un tiquete para marcharse en barco. El tiquete representa lo nuevo, lo desconocido, el mundo por fuera de su burbuja que la libera de las obligaciones cotidianas y la rutina constante. Sin embargo, no posee los recursos suficientes para comprarlo y no es una opción quedarse en hoteles de la misma ciudad de su esposo en donde la hallarían fácilmente. Al final, vuelve a casa con su marido como si nada hubiese pasado y la luz de la luna la cubre despacio mientras se queda dormida.
 Podría sentarme en la fácil conclusión de que la dependencia económica históricamente ha limitado la libertad de las mujeres, pero siento que la libertad va más allá de que cada una pueda ir al lugar en donde le plazca. No habría búsqueda de libertad sin la percepción de encierro, de ser silenciada, de estar limitada a lo repetitivo. Su marido no parece ser malo, solo es la representación del sentido común, de lo seguro y lo tranquilo(“tenía un rasgo singular: su presencia bastaba para paralizar hasta los más ínfimos movimientos de la mente”). Su angustia de estar cayendo es la desesperación de su ser por el conocimiento, porque reposar los pies no siempre significa permanecer en un lugar familiar. No solo buscaba la tranquilidad de su cuerpo, sino de su espíritu inquieto por aprender, por renovarse, por crear y experimentar la abrumadora naturaleza que le rodeaba. 
El hombre con el gracioso padecimiento a quien la fuerza de gravedad no le hacía nada, era ella misma, quien se sentía en un tiempo aparte con un destino incierto más allá del de caer. 
Caer, dejarse llevar por el funcionamiento mecánico de las cosas como tienen que ser, de la monotonía y a la vez estar en desfase de las leyes que gobiernan a todos, pero que flotan por encima de su mente como una ola que nunca la toca y aún así finge que todo va bien. 
Ahora ¿Por qué creo que decidió quedarse? por el peso de su historia de doce años con su marido, por el alivio de la casa, por su propia insuficiencia, por su necesidad de calor humano, la voluntad no le alcanza para continuar en su empeño de huir. Su hambre se esfuma al volver a su hogar y quién no diría que hay ligeros momentos en que las mujeres necesitan el hambre, una búsqueda, un lugar en el cual hallar su sustento, el disfrutar de la comida y no solo alimentarse por la fuerza del hábito. De la misma forma necesitan la saciedad para que su ligero cuerpo no se muera ni desfallezca y así se envuelven en un eterno retorno a su deseperación.

 20/01/2023