Andaba por la vida sentada, tratando de acostumbrarme a la espera en el trabajo, cuando leí un cuento que me impactó de una manera muy especial, se llama “la tachuela” de Luis Eduardo Valdés. Un conductor aburrido por la rutina de los deberes diarios toca un objeto extraño en el interior del carro que le desata una serie de interrogantes. ¿Sería la guaca esperada por muchos? ¿La lotería? ¿una joya? ¿una piedra filosofal? ¿o el tesoro anhelado que cambiaría su cotidianidad en un extraordinario acontecimiento de repentina belleza? Si es algo tan valioso habría que guardarlo de la vista de los demás y descubrirlo en secreto. Por eso, lo mira cuando no hay nadie presente, es una tachuela, una insignificante tachuela. En un principio piensa en dejarla abandonada, pero ese pequeño artefacto despierta en él una serie de razonamientos sobre su posible impacto ¿Qué pasaría si esta cayera en la carretera y un camión de gas se explotara por su culpa? ¿O si llegase a las manos de su hijo bebé y este muriese de tétano? ¿O si la deja a la merced de su perro y este resulta herido? Incluso llega a pensar en sacrificarse y tragarse el objeto filoso, pero el pensamiento de que en su autopsia pudiera caerse la tachuela y generar más daño, le causa tanto susto que decide cargarla finalmente en su bolsillo para poder cuidar al mundo del grave peligro que esta representa. encuentra en ello su propósito de vida y la puerta para salir de ese vacío de significado ocasionado por la rutina desgastante del retorno constante a las mismas actividades.
Este texto me dejó varias inquietudes, por un lado, al considerar razonable la preocupación del protagonista y por el otro, al entender el origen de sus meditaciones aparentemente absurdas ¿De qué forma algo tan minúsculo como una tachuela puede causar tanto daño? ¿Cómo vamos en el mundo tan poco conscientes de lo perjudiciales que pueden resultar los pequeños cabos sueltos?¿Cuántas tachuelas andarán desperdigadas por el universo a la espera de causar un daño irremediable? Esos pequeños cabos sueltos pueden verse desde el punto de vista personal y social. En los pequeños pensamientos que luego crean un nido y transforman las acciones de la persona que los posee; en el cuidado del cuerpo físico, cuando las pequeñas costumbres alimenticias o posturales pueden causar una enfermedad; en nuestro trato con los demás, cuando una herida hacia los otros desemboca en una gran amargura y después, forma gente movida por el odio artífice de los grandes males de la humanidad; en el niño que es rescatado de sus bajas condiciones de vida y termina teniendo una vida más amable; también, en el medio ambiente con nuestros hábitos de consumo inconscientes. Otros tantos ejemplos más existirán, las pequeñas zorras pueden dañar grandes vides y tal vez sea nuestro deber estar atentos a ellas. Pero lo absurdo de las meditaciones del protagonista del cuento podría estar en el hecho de que la tachuela podría quedarse en algún lugar escondido del mundo sin causar el menor dolor, siendo ignorada por los seres sintientes. Todavía cabe esa posibilidad de que la ausencia de ese pequeño grano de arena solo cause pequeñísimas transformaciones imperceptibles a la mirada humana, no obstante, la angustia del ser por aquel dolor inminente que no se puede controlar nos desborda y nos atraviesa al mismo tiempo a algunos. La ansiedad del protagonista es la ansiedad de muchas personas en la actualidad que anhelan encontrar un significado a su vida y salirse de la tristeza de la cotidianidad mecánica, de quienes anhelan sentirse importantes al aportar al bienestar del mundo, representa a aquellos abanderados de causas inútiles para otros, a los que sirven sin buscar la aprobación externa, sino la sensación en el corazón de estar haciendo el bien. Y es que la contemplación del día a día puede generar un sinsabor que necesita ser resuelto, en ese sentido, me alegra saber que no soy producto del azar del mundo, sino .que en medio de esta vasta tierra, ubicada en una galaxia inmensa y un universo inconmensurable, nuestras pequeñas existencias son tenidas en cuenta por el más grande e importante de todos los seres, ese anhelo de eternidad y significado encuentra su cauce al oír el minúsculo silbo apacible de su voz en la naturaleza.
